
-- ¿Por qué te gusta hacerme la cola y no me dejás acariciar la tuya?
-- Tiene que ver con lo que soy y como me siento, pero sabes que te dejo acariciar todo mi cuerpo, incluyendo mi propia cola.
-- Lo sé, pero hay hombres que gozan siendo penetrados, aunque sea con el dedo, o que besen su agujerito, o les jueguen con la lengua, como si fuese su "chochi".
-- Cuando yo te penetro analmente, te domino, te someto, ese es mi gozo, te transformo por un momento en una esclava, en mi perra, y gozo con tu gozo de sentirte mi presa.
-- Me preguntaba si tal vez te gustaba y no lo decías.
-- No, mi bella, siempre te digo lo que siento, lo que me gusta y lo que me gustaría. No te oculto nada que te pueda dar placer, incluso si fuese sea a través del mio.
-- Entonces solo caricias en tu cola.
-- Así es, y sé tambien que te excita no poder hacer más, esperando que yo alguna vez te lo permita.
-- Si, mi amor, cuando te chupo esa verga gruesa que me llena la boca no puedo evitar tentarme y penetrarte dulcemente con un dedito, y cuando te chupo los huevitos, mi lengua a veces quiere seguir de largo. Se me hace agua la boca pensando en ese momento.
-- Soy tu macho dominante el jefe de la jauría, y por el momento no estoy domado sino que domino, tal vez si tientas al destino de esta bestia puedas llevarla a cierta mansedumbre. Y entonces tal vez te permita dominarme un poco, pero solo un poco.
-- Me calentás de una manera en la que siento el fuego en la piel. Estoy empapada de solo pensar en que me llenás con tu verga, que me dominás, ser sometida, libre de toda conciencia y atadura moral. Y que de premio alguna vez me permitas penetrarte esa cola, lamerla como si fuese una chochi.
-- Si deseas una chochi, sabes que tienes mi permiso, pero ahora, mi belleza, ponte en pose y prepárate a ser penetrada, porque voy a hacerlo hasta que tu alma grite pidiendo piedad.
-- Mmmmm... msiii... Cogéme hasta el alma ahhhhhh.
-- MMMMmmm... Ahhhh...
-- MMMMMMmmmm... Siiii, asssssiii, suavecito y profundo... Assssssiii.