lunes, 11 de mayo de 2009

Vestigios de amantes

El avión no dejaba de sacudirse. Recuerdo que tuvo que descender a 900 metros por las turbulencias, mientras esa sensación tan fea fruto de la presurización me aturdía. Me miraste asustada, y casi sin querer tomaste mi mano. Me sorprendió. Tanto tiempo juntos trabajando en la oficina, y nunca te había tenido cerca. En un primer momento, cuando me encomendaron el viaje, junto a vos y otras dos compañeras pensaba en lo aburrido que sería, pero claro, era yo demasiado joven para ver más allá. Incluso cuando llegamos al hotel y nos preguntaron si era una habitación o dos las que ocuparíamos, instintivamente nos miramos. Recuerdo la primera cena a tantos cientos de kilómetros de nuestros hogares. Indudablemente la distancia había hecho algo en nosotros. Nunca habíamos compartido nada más que la certeza de nuestras diferencias, yo pedí un Merlot y vos un Chardonnay Blanc, hasta en eso, pescado o pastas, todos nuestros gustos eran diferentes. Igualmente cuando después de la ducha me recosté en la cama a pensar en el día siguiente, no me llamó la atención que llamaras a mi puerta, gustoso te dejé entrar vestida con tus pijamas blancos con pequeñas flores rosas. Me tenías contra las cuerdas, y yo pensando en el después. Me dijiste que tenías miedo de estar sola en tu cuarto, que te sentías más segura conmigo. Sorprendido, estupidamente te pregunté si querías ver la TV. Qué ingenuo fuí. Apenas tocaste la otra cama del cuarto comenzamos a hablar, y media hora más tarde estabas sobre mi.

Desde esa noche, cada tarde libre y cada noche después de cenar fue un ir y venir furtivo por los pasillos alfombrados de aquel hotel. Quitarte los jeans, levantarte la falda y besar tu escote, saborearte, recorrerte, penetrarte de mil formas, permitir que me bebas, que me toques, beberte, en la cama, en la alfombra, en la ducha y hasta en el auto que habíamos alquilado.

Al regreso, en el avión, de nuevo me tomaste la mano, nos miramos y sin decirnos adiós nos despedimos para ser de nuevo dos amables desconocidos con sutiles vestigios de amantes.

3 comentarios:

PaSioN dijo...

Divina experiencia, dos amantes fugaces que disfrutaron de sus cuerpos, dejandose llevar por el deseo. Un recuerdo para toda la vida dibujado con una media sonrisa

besos cielo.

Me ha encantado¡

POEM dijo...

eso sí!!!

la condición de amante es como tu la describes

que no se cuele ni un ápice de la vida cotidiana en ella

que no se desborden los sentimientos más que los sexos de jugos y llamas...

LOVEYOU dijo...

Bother,your,blog,Wasvery,good,beat,for,you,and,encourage...................................................................................................

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